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Teorías conspirativas

La teoría de la conspiración consiste en la interpretación de un acontecimiento contraria a la explicación vigente. Parte de la idea de que existen manipulaciones intencionadas o acuerdos secretos de una o más personas. Sus defensores atribuyen a personas con poder la intención de dañar a la sociedad mediante estrategias secretas.

Estas fabulaciones o se rechazan, con independencia de su contenido, o se defienden. Los psicólogos califican de conspiración la mentalidad de quienes se muestran de acuerdo con tales explicaciones. La mayoría de los individuos que creen en verdades ocultas albergan prejuicios contra grupos de estatus social alto, entre ellos, banqueros o políticos. También desconfían de los tratamientos médicos al uso.

Es habitual toparse con teorías conspiratorias como la existencia del VIH como arma biológica usada para eliminar homosexuales, la supuesta llegada a la luna fue en un estudio de televisión, el 11-S fue encargado por George Bush para lograr con facilidad sus objetivos políticos , el feminismo se lo inventÓ la CIA para desestabilizar a la sociedad, etc. Gracias a internet y a las redes sociales ha hecho que aumentara de manera notable la velocidad con que las teorías conspiratorias encuentran nuevos adeptos. Semejante visión del mundo puede describirse como mentalidad conspirativa. Se vasa sobre todo en una idea: Lo que afirman los poderosos no puede haber sucedido así.

El tipo de mentalidad condiciona la creencia de conspiraciones

La creencia en verdades ocultas se inserta en la estructura de la personalidad de algunos sujetos y como esta manera de pensar se entreteje con su actitud y estilo de vida. En 2013 descubrieron que las personas que aceptan o rechazan este tipo de explicaciones se diferencian entre sí a partir de la intensidad con la que se adhieren a una visión del mundo basada en la teoría de la conspiración. La mayoría se encuentra en la mitad del espectro, es decir, no aceptan ni rechazan la idea de que grupos que operan en secreto controlan el destino del resto de la humanidad.

Pero, ¿Qué conduce a una persona a aceptar o rechazar una visión del mundo como esta? Diversos estudios han revelado que la tendencia a creer a pies juntillas en las teorías de la conspiración no se halla relacionada con la inteligencia, ni el sexo, la edad, la religión, etc. La clave se encuentra, al parecer, en la mentalidad. Consistiría en la elaboración de explicaciones alternativas de información de manera distinta a sus congéneres.

En psicología, los heurísticos son las conclusiones mentales sencillas que nos sirven para emitir juicioso y resolver problemas de manera rápida y eficiente. Todas las personas empleamos este tipo de pequeñas ayudas cognitivas, a pesar de que también nos predisponen a secundar conclusiones erróneas y generalizaciones falsas. Según hallazgos, quienes creen en teorías conspirativas son propensos a abandonarse a los heurísticos y a pensar de modo menos analítico.

Creer en conspiraciones para controlar la situación

Resultaría demasiado simple suponer que solo el estilo de pensamiento es el responsable del fenómeno. Estas explicaciones alternativas satisfacen la necesidad humana de ser único. Con ayuda de las teorías de la conspiración se puede destacar de entre la supuesta “masa ignorante”. Estas teorías las defiende personas que creen tener poco control sobre sus condiciones de vida. El “descubrimiento” de una conspiración compleja de gran alcance les proporciona, al parecer, la sensación de conseguir una parte de control.

En conclusión, las teorías de la conspiración resultan útiles para sus adeptos, ya que en tiempos inseguros y complejos les proporcionan la ilusión de contar con una estructura y estabilidad. La creencia de conjuraciones va acompañada de prejuicios y actitudes misántropas. Esta mentalidad se encuentra relacionada con una actitud antisemita, así como con prejuicios con otros grupos sociales con un estatus más alto, entre ellos, los banqueros.

Sujetos propensos a la mentalidad conspirativa y que contemplan a las élites con recelo evitan por lo general la medicina al uso. Diversos estudios demuestran que quienes creen en el proceder conspirativo de las personas poderosas tienden a defender los métodos de tratamientos alternativos como la homeopatía o la fitoterapia. En cambio, mantienen una actitud mas crítica que la media de la población frente a métodos como la vacunación, los antibióticos y la radioterapia

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