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Una fiesta veraniega, terraza a pleno sol, bebidas zero y sin alcohol… y de repente, pasa. Dos extraños encuentran sus miradas y rápidamente la música se afloja, el sol solo los ilumina a ellos y sus pupilas se dilatan. ¿Realmente esto ocurre? ¿O es solo invención de las películas dramáticas y románticas americanas? ¿Es posible enamorarse de alguien que no se conoce en absoluto?

El cerebro enamorado se determina por diferentes procesos neuroquímicos que van transformando las diferentes estructuras implicadas en el enamoramiento. Estas regiones son sensibles a dos hormonas: la oxitocina (hormona del amor y del apego) y la dopamina (hormona encargada de la iniciativa y la motivación). La intensidad de las señales cerebrales que desencadenan estas dos hormonas son tan fuertes que se modifican cuando nos enamoramos. El “éxtasis” que sentimos en este estado activa los centros de recompensa (regiones vinculadas con las adicciones a muchas drogas).

Entonces, ¿Qué pasa cuando sientes ese flechazo hacia una persona que no conoces? Pues bien, a causa de la falta de información sobre la otra persona, la atracción física gana protagonismo en el amor a primera vista.

Las investigaciones nos dicen que es mas probable sentir ese tipo de amor con personas más bellas. También concluyen en que los hombres sienten mas amor a primera vista que las mujeres y que este amor no suele ser mutuo.

Para que los patrones de apego se construyan, se necesitan muchas experiencias en compañía de la otra persona y muchos momentos íntimos, cosa que en este caso no ocurriría. Solo entonces, puede hablarse de amor tal y como lo conocemos. Por lo tanto, lo que se conoce como “amor a primera vista” sería una atracción puramente física que aumenta nuestra disposición a iniciar una relación. Para que sea duradero en el tiempo, es necesario un conocimiento mutuo. Si los sentimientos perduran y la primera impresión deja sitio a una imagen realista de la persona, entones es cuando podemos hablar de amor.

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