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Pocas cosas podemos decir que no se hayan dicho ya del hecho de levantarse los lunes por la mañana. Cualquier día es complicado de encarar, pero los lunes, teniendo en cuenta que venimos del fin de semana, la cosa tiene especial ‘delito’. ¿Qué hacemos en ese tipo de situaciones? ¿Cómo es posible que, a pesar de las adversidades, consigamos salir a flote y, poco a poco, empezar a creer en que, en el fondo, hay algo de luz al final del túnel? Todo tiene una explicación: el café.

Ese oscuro brebaje hace que, después de unos cuantos sorbos, podamos ‘ser personas’ y afrontar nuestra vida con algo más de entereza. Pero ¿alguna vez os habéis preguntado por qué ocurre esto? ¿A qué se debe que el café, al menos en apariencia, nos quite el sueño?

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Empecemos por el principio: la cafeína. Esta sustancia es la principal culpable de que, al sorber un poco de café, nuestras pupilas se dilaten como si no hubiera un mañana. La cafeína actúa en la química de nuestro cerebro y hace que ‘perdamos el sueño’. Prestad atención:

Nuestro cuerpo funciona con energía. Si gastamos mucha, acostumbramos a sentirnos cansados (después de hacer deporte de forma intensa, por ejemplo). Ante esa situación, nuestro cerebro libera, de forma lenta y paulatina, una molécula conocida como adenosina. Esta molécula lo que hace es unirse a los receptores de las neuronas y, de esta forma, provoca que tengamos sueño.

En medio de todo este proceso, llega nuestra ‘amiga’ la cafeína, metiéndose por nuestro cerebro y, de forma discreta y sibilina, se cuela en los receptores de la adenosina, haciendo que este no llegue a tener la sensación de sueño y cansancio que debería tener. No es que el café nos de energías; el café hace que no tengamos sensación de sueño. Nada más.

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Hay otro factor que debemos tener en cuenta: cuando tomamos mucha cafeína en nuestro día a día, cada vez necesitamos más para perder el sueño e, incluso, podemos sentir que, llegados a un punto, ni siquiera nos afecta. ¿A qué se debe esto?

La explicación, nuevamente, es ‘simple’: cuando el cerebro detecta que los receptores de esta molécula están ocupados, genera más para ‘reubicar’ a la adenosina y claro, esto hace que, en el futuro, necesitemos más y más cafeína para que sigamos sintiendo el mismo efecto… y ya habremos entrado en el ‘Círculo Vicioso del Café’.

La cafeína acelera nuestro ritmo cardiaco, nuestra presión arterial y puede llegar a hacer que nuestro cerebro sea incapaz de detectar la adenosina… y eso no es para nada bueno. ¿Queréis sufrir de insomnio? Pues controlaos con el café.

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